¿Por qué siempre llevas leggings?

La gente que me conoce bien sabe que, en el 95% de los casos, llevo leggings. Al principio de mi obsesión, algunos de mis amigos me llamaron la atención con algún comentario del tipo: "Tía, siempre llevas mallas", o "¿Por qué no te compras unos vaqueros?", o "No me extraña que pases frío, si eso no abriga nada".

Tras reflexionar durante un tiempo, he llegado a la conclusión de que tiene que haber una explicación. ¿Por qué siempre llevo leggings? ¿Por qué hace AÑOS que no me pongo unos vaqueros?

Bien, la respuesta, contrariamente a lo que puedan pensar (porque no me valen unos vaqueros en ninguna tienda), es porque no hay cosa más cómoda, barata y que puedas combinar con cualquier cosa en el mundo.

Mi historia con los leggings empieza por allá el 2007. Recuerdo perfectamente los primeros leggins que me compré, con 16 años, en el H&M de Regent Street en Londres. Recuerdo perfectamente el sentimiento de gloria, el halo de luz angelical que me iluminó y mis ojos salidos de las órbitas mientras cantaba a gritos la canción de Rihanna (que tardaría cuatro años en salir, pero así de visionaria soy): “Where have you been all my life?”. A partir de ahí, mi romance con dicha pieza de ropa fue incondicional. Desde entonces, y a excepción de algunos casos especiales, ni se me ha pasado por la cabeza ser infiel a mis queridos leggings.

Los leggings y yo estamos hechos el uno para el otro. Me quieren tal y como soy: paticorta y de tallo alto, con rodillas deformes y gemelos embarazados. Me acompañana en invierno y en verano. Me dejan respirar cuando mi piel lo necesita. No me irritan con sus telas de algodón. No amenazan en romper conmigo cuando me agacho a coger las llaves del suelo. Incluso pueden transformarse en sus archienemigos, los vaqueros, si lo necesito. No me clavan los botones como puñales de infidelidad porque, adivina: ¡No tienen botones! La lista es interminable. No hay nada que me llene más que vestirme con unos buenos, bonitos y baratos leggings.

Pero no soy la única que sabe con lo que se viste.

Quien piense que los leggings son cosa de las últimas decadas, o incluso del último siglo, va muy mal encaminado. Los leggings, en varias formas y bajo varios nombres, se llevan usando desde antes del Renacimiento (por allá el siglo XIII) y, ojo al dato, los primeros en llevarlos fueron hombres. Por aquella época eran dos piezas separadas, una para cada pierna y se llamaban hose — lo cual traducido al español sería algo así como "manguera".


( aquí tenemos a Carlos IX de Francia, luciendo unos estupendos leggings de la colección Otoño-Invierno de Tommy Hilfiger )

Pero eso no es todo, porque mis adorados Nativos Americanos también llevaban mangueras de piel de ante, y eso seguro es más efectivo que la rebequita que te aconseja tu abuela que te lleves cuando hace frío. Y quedándonos al otro lado del charco. ¿Los cowboys de las películas del domingo por la tarde en La 2? Ellos también llevaban leggings para no escocerse todo el área masculina con el roce de la montura. Y después tenemos a los rusos, que cuando la brisilla siberiana apretaba, más de un Dimitri se enfundaba en unos de lana y no le hacía falta el vodka para nada. 


Todo esto prueba que, al fin y al cabo, llevar leggings como forma de vida es algo que beneficia tu estilo y tu comodidad y no perjudica tu salud. Juzgad ahora, insensatos, y atreveos a decirme que "nunca varío" y que "eso no abriga". Digais lo que digais, mi amor por mi extensa colección de leggings va a seguir siendo incondicional. 


( AMÉN )
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About Ingrid Cocoon

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1 comments :

  1. Me has matado con el "luciendo unos estupendos leggings de la colección Otoño-Invierno de Tommy Hilfiger". Que grande eres, Ingrid. A pesar de que no comparta tu amor incondicional por los leggins, yo mantengo una relación amor-odio con los vaqueros. Tal vez algún día me anime a escribir algo así. Puede que descubra por qué soy tan masoca.

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