A la chica del espejo: "Esa no soy yo"

Ponte en situación: hoy vas a salir, te has puesto el conjunto que te compraste hace meses para la ocasión, has visto miles de tutoriales y has conseguido maquillarte como una diva, tu pelo tiene un buen día y obedece al cepillo y a las cincuenta horquillas con las que te has hecho un recogido de Audrey Hepburn. Te sientes bella, te sientes bien. Te plantas frente al espejo y cual madrastra de Blancanieves le preguntas: 

"Espejo, espejito, ¿quién es la más cañón del reino curvy?"

Tu reflejo, con un guiño y morritos chonis te responde:

"Sólo tú, tocinito de cielo. Estás para comerte con pan y queso."


Con el autoestima a un nivel Rafa Mora sales de tu casa esperando encontrar tu príncipe azul o, en caso de que ya lo tengas, sales con la intención de atraer las miradas de los infieles que normalmente mirarían a tu amiga de cuerpazo de revista, pensando que hoy vas a romper esquemas y vas a convertir a todos ellos al mundo curvy.

En el momento álgido de la noche tu amiga saca la cámara. Es nueva, tiene 100 megapíxels, un objetivo de 50mm, dirección asistida y airbags. Y tú, que normalmente rehuyes a las cámaras, te fías del turbo de autoestima del espejo y te metes en todas las fotos posibles esperando el tag en facebook al día siguiente con ansias. 

Pero lo único con lo que te encuentras a la mañana siguiente es una resaca de mil demonios y unas ganas terribles de pegarle un puñetazo al mentiroso de tu espejo, sin importarte los siete años de mala suerte.

Sombra aquí, sombra allá y en las fotos parece que hayas usado la escopeta de Homer Simpson, tu pelo parece haber sido víctima de unos dedos en un enchufe y el conjunto que tan bonito se veía frente al espejo te hace parecer la madre de Honey Boo Boo. 

Y te asustas.



"¿Pero cómo puede ser? ¿Qué ha podido fallar? ¡Si yo no soy así! ¡Esa no es la que estaba en el espejo! ¡Esa no soy yo!

Es posible que tengas razón, y es posible que las fotos de las que te has desetiquetado automáticamente no reflejen exactamente lo que viste en el espejo la noche anterior. Pero cielo mío, aunque te duela en el alma, esa eres tú

Pero no por ello eres ni más ni menos bella de lo que el espejo te dijo que eras en primer lugar.

Y no es culpa de los megapíxels de la cámara, ni de la luz de la discoteca, ni de las copas que te tomaste. No te reconoces en las fotos porque no te viste guapa antes de la ducha, el conjunto, el maquillaje y las horquillas. 

No te viste guapa cuando ese "yo" de las fotos es al que más debes amar.


Aprender a quererse es un proceso largo y lento, difícil e inestable. No ocurre de un día para el otro y menos de la noche a la mañana. Y lo más importante de todo ese proceso es que viene de dentro, no de fuera. Tienes que amarte desde el momento más crudo y natural de tu ser (véase acabada de levantar, con aliento mañanero y voz de camionero) hasta el momento más trabajado, cuidado y mejorado

La mejor versión de tí misma tiene que ser siempre la misma, independientemente de lo que lleves puesto o de lo Boticelli que seas al maquillarte.

Créeme cuando te digo que incluso la persona más perfecta bajo tus ojos tiene malos días. Y no es nada malo tener un mal día, levantarte y decir: "Hoy no". El problema está cuando tus días malos son todos los días, cuando evitas espejos y reflejos dentro y fuera de tu casa, cuando eres incapaz de plantarte cara y ver la belleza en cada asimetría, en cada arruga, en cada curva y en cada estría de tu cuerpo y de tu cara. 

Aunque sea duro de roer, y cambiar siempre sea una opción, nunca conseguirás estar satisfecho contigo mismo hasta que aceptes tus imperfecciones, tus taras, tus defectos. Ser honesto con uno mismo es la clave para conseguir la mejor versión de ti.

Y la verdad, quien no te quiera y te admire desde tu momento más imperfecto, no merece ni un micro-segundo de tu tiempo. Y eso incluye a los amigos de Facebook, Instagram y Twitter (y lo has leído a lo Abraham Mateo).

Si no lo has hecho hasta ahora, empieza a amarte desde ahora. Desde esta misma frase, desde este mismo punto. Ya. ¿Todavía no? 


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About Ingrid Cocoon

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