Aunque adelgace, siempre seré curvy

El otro día paseaba por Facebook cuando encontré uno de esos montajes de fotos en los que salen el "antes y después" de gente que ha perdido mucho, pero que mucho peso. En el título ponía algo como "Ejemplos de Superación". Como he hecho muchas veces antes, me imaginé a mí misma en una de esas fotos, y lo primero que me vino a la mente fue: ¿Si perdiera esos kilos que me sobran, seguiría defendiendo la imagen curvy? ¿Seguiría escribiendo sobre el bullying, sobre body positivity? ¿Seguiría desmontando esos mitos y prejuicios que circulan por ahí sobre gente como yo?

La respuesta, indudablemente, es SÍ.



Y no es que sea adivina (ojalá), sino que hay varios factores por las que no me cabe ninguna duda que, con veinte o treinta kilos menos, mi mentalidad seguiría igual o todavía menos sumisa que hoy en día.

Lo primero de todo es que nunca he apostado por una supremacía curvy, no apuesto por la superioridad de un tipo de cuerpo sobre otro. Defiendo a "los míos" para incluirlos en la misma burbuja de respeto e integración que los demás. Desafío a la jerarquía de lo que es más atractivo y lo que menos para acallar a los que ofenden, a los que se burlan y a los que juzgan a las personas por su apariencia. Defiendo el amor propio de todos y cada una de las personas que necesitan sentirse mejor.

Tener unos kilos de más me ha ayudado a ser quien soy hoy. Sufrir de acoso escolar, de insultos, de burlas, de críticas destructivas, eso ha construido la fortaleza desde la que dirijo mis tropas hacia los que, como me hicieron a mí, dañan el autoestima y la confianza de los que, como yo, se sintieron miserables y odian su cuerpo y su aspecto por encima de todas las cosas. Perder peso y cambiar físicamente no sería capaz de derruir esa fortaleza, ese castillo de defensa estratégica.


He vivido en ambos mundos. He perdido mucho peso antes (de una manera drástica y muy poco saludable), y después de hacerlo me di cuenta de que mi felicidad nunca había dependido de mi peso, sino que necesitaba aprender a quererme de arriba a abajo, de izquierda a derecha y, sobretodo, de dentro hacia fuera. Sé que, en caso de que volviera a las andadas y consiguiera ponerme "en forma" de manera saludable, no me sentiría menos enfadada con el mundo.

En resumen, si algún día me veo siendo muestra de uno de esos montajes del antes y el después que tanto morbo nos dan a todos, me aseguraré de mantener mis prioridades y mis ideales.

Lo más importante de cambiar es que recuerdes en todo momento la razón por la que decidiste hacerlo. Ser hipócrita contigo mismo y convertirte en una apología barata de tus antiguos ideales hará que el esfuerzo se convierta en polvo. Debes acordarte de quien eras para apreciar lo que eres ahora.

Y así, cuando me pregunten: ¿Después de tanto tiempo? Yo responderé:


Once curvy, always curvy.


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About Ingrid Cocoon

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