Quiero ser la protagonista de la película

Cuando era pequeña no me costaba nada identificarme con mis personajes preferidos de las películas o las series de televisión. Era algo que no requería esfuerzo porque entonces no era consciente de mi imagen. Podía ser una Tomoyo, una Spinelli, una Alicia, una Sailor Venus, una Vulma, una Betty e incluso una Mulan. Todo en un mismo día, jugar a imaginar y a impersonar y a imitar hasta que me cansara. 

A medida que fui creciendo, me costó más y más empatizar con los personajes que veía en la pantalla y eso me hizo perder el interés por las series que marcaron la adolescencia de la mayoría de los de mi quinta. Recuerdo retomar el interés con The O.C. y empatizar con una Marissa que, a pesar de tener todo lo que un adolescente podría desear, era problemática y sufría complejos parecidos a los que yo sufría. Aparte de eso, el juego de imaginar parecía que se había terminado para mí. Las películas estaban todas protagonizadas por chicas diez que siempre terminaban igual: dejándome por los suelos y inculcándome la idea de que alguien como yo jamás llegaría a llevarse al popular del instituto de la mano, o a triunfar en lo que fuera que tuviera traza para hacer.


En mayor o menor medida, sé que no soy la única que se sintió de aquella manera porque la irrealidad de todo aquello podría afectar a cualquiera que no tuviera una cintura estrecha o unos pechos bien puestos, pero por lo general, llegué a la conclusión de que las chicas gorditas no merecían más que el papel secundario, el de la amiga empollona o rebelde que ayuda a la protagonista a conseguir su objetivo. 

Pero yo no quería estar en segundo plano. Ni que fuera sólo de mi vida tenía que ser la protagonista a toda costa.
  
Sigo a Sharon Rooney (Rae en "My Mad Fat Diary") en Twitter desde hace varios años, y no es sólo porque sea súper ingeniosa y me haga llorar de la risa en 140 caracteres o menos, sino porque admiro el hecho de que su talento como actriz rompe todos los estereotipos que he mamado desde la infancia. Eso significa que su peso y su aspecto están en discordia con los papeles que la han llevado a la fama. Y es que Rooney es pura magia al representar a la (mi) parte de la población que vive un estereotipo completamente ficticio en el mundo de la televisión y el cine.




Antes de que empieces a echar fuego cual Drogon, deja que me explique:

Claro que tenemos otros ejemplos de mujeres curvy o plus-size en el mundo de la televisión o el cine. Y cada vez hay más porque la sociedad parece que está abriendo una pequeña brecha que ha estado cerrada a cal y canto. No sé si es casualidad, pero las únicas que me vienen a la mente ahora mismo son dos: Melissa McCarthy y Rebel Wilson. Pero veamos en qué películas hemos podido verlas y en qué género:



Comedia, comedia romántica, sitcom, comedia dramática. Comedia

La verdad sea expuesta: Melissa McCarthy es hilarante (su escena en Bridesmaids —y si habéis visto la película sabéis a la que me refiero— casi me parte el diafragma de la risa) y aunque, en cambio, Rebel Wilson no me hace ni pestañear, el talento de ambas no es desechable. 


Pero (y lo estabas esperando, que lo sé) todavía estoy por ver alguien que, como Sharon Rooney, pueda tomarme en serio cuando la veo actuar. Alguien en el que pueda verme reflejada en cada escena, manos al cielo predicando el gospel de que ella me representa, de que ella me hace sentir como cuando creía que podía ser Cenicienta. 

Para los que no hayáis visto la serie, My Mad Fat Diary está basado en un libro autobiográfico de la protagonista, Rae Earl, en el que cuenta los altibajos de su adolescencia: una familia disfuncional, la lucha constante contra su autoestima y enfermedad mental, amigos y no-tan-amigos, el instituto, el primer amor, etcétera. Como verás, es una serie bastante completita que engloba muchos temas y con muchos personajes con tramas distintas que hacen que empatizar no requiera ningún esfuerzo, tengas la edad que tengas. Es creíble, es verosímil, es cercana.

Rae vive el acoso escolar, los complejos y la falta de autoestima, problemas de autocontrol con la comida. Rae vive los riesgos y juegos con el alcohol y las drogas, los dramas de sus amigos, las discusiones constantes con su madre y el divorcio de sus padres, vive la terapia con su psicólogo y vive la depresión. Pero también vive el amor y el sexo adolescente, el verdadero significado de la amistad, el proceso de superación, la restauración de su amor propio, la aplicación en los estudios, la liberación y la cura de su enfermedad mental. Y todo con la dosis justa de drama para hacerte llorar y la dosis justa de humor para hacerte llorar.

Rae vive y, a través de ella, he vivido yo. 


¿Por qué hacen falta más personas como Sharon Rooney? ¿Por qué necesitamos más series como “My Mad Fat Diary”? Pues porque tú y yo y todos tenemos derecho a encajar y a vernos plasmados en los medios con la misma cantidad y calidad que los ideales que hemos recibido hasta ahora. Tenemos derecho a mirar atrás cuando seamos adultos y decir: “Con todo lo que he pasado, con todas las aventuras que he vivido, podría hacer una película”. Y no sólo decírtelo a ti mismo, sino ver que un día enciendes la televisión y se transforma en un espejo. Necesitamos personajes más curvy, más friki, más nerdy, más booky, más geeky en las películas y en las series… En resumen, necesitamos personajes más humanos

Porque si algo bueno tiene vivir rodeada de tu misma especie es que tienes la oportunidad de ser distinto a los demás. 

Y en el amor, necesitamos más Finn(s), porque nunca está de más variar un poco y no sólo ver que la belleza está en el interior sino también sentir que puede ser verdad.



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About Ingrid Cocoon

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1 comments :

  1. Querida Ingrid:
    El último gif es tan cuqui que podría llorar... Porque Rae pone una cara super cuqui pero es que Finn... ¿Qué te voy a decir yo de Finn que no sepas ya? *insertar palabras soeces aquí*

    En cuanto al contenido de la entrada: yep, sip, agreed. Se necesitan más protagonistas que se salgan de "lo establecido" y de las que su aspecto físico sea lo menos importante. Se necesitan personajes femeninos interesantes. Los hay muy pocos, hay demasiados que siguen los mismos cánones (y no solo de belleza) y creo que es algo que el discurso feminista está reivindicando con fuerza en estos últimos tiempos y que debemos apoyar y manifestar en voz alta y clara. Porque es necesario, porque hace falta. Porque muchas veces nos centramos en el físico, en el género y nos olvidamos de la persona, del ser humano. Nos olvidamos de nuestra humanidad para centrarnos en nuestras diferencias físicas...
    Estoy divagando... Mejor me callo porque podríamos hablar durante horas sobre el tema.

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